Una buena persona, un amigo
SOLO MUERE EL QUE HA VIVIDO
De José María Pinilla
El día que me muera
asistiré a mi entierro, probablemente
tarde —de eso estoy seguro—,
vestido de cuchillo o bien de alforja,
de guante de mimbre o de hojarasca,
terciopelo de sol enloquecido,
o breve calma,
de la calma desnuda que cubre el silencio, —eso
es algo que aún no he decidido. Me asaltan
serias dudas—. Sí. Tal vez
la calma, será el mejor sudario.
Y estaré contento, contando a los presentes,
sus sortijas, su leve mano en mejilla,
los trajes que esperan ciertas ocasiones,
los escasos canapés,
las toses veladas, cuchicheos que rompen el silencio,
las frases siempre repetidas: “Era tan bueno... se fue
tan a destiempo”,
los pesares multilingües; mientras,
bajo los lirios, como lágrimas heridas
los labios aletean el pesado dialecto de la espera.
No es fácil confundir el llanto y el bostezo,
cuando la música, cansada de ser música,
busque su acomodo de madera como límite,
o fuego alterno.
No sé si llevarme
alguna agenda, un calendario,
esas fechas que siempre almacenamos...
Por si vuelvo.



3 comentarios:
QEPD
Lo lamento Julia
poco a poco, volviendo a respirar... Te he llamado pero no te he encontrado. Lo sigo intentando guapa.
Besos
Marian
Un abrazo, Julia, pero fuerte...
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