martes 31 de marzo de 2009

APLAUSOS PARA TI

y te creíste en poder de la verdad
enfundándote en el rol de justiciero
creyéndote la falacia de tus buenos propósitos
sin medir tus fuerzas
disfrazando tu inquina, tus afán de desquite
con una nobleza innoble
sin percibir que el reo/víctima
no fui yo, sino aquélla
"inocente" que con tus palabras
heriste de muerte

........ aplausos para ti...
.........y para tu miserable ego

31.3.2009
JULIA

domingo 15 de marzo de 2009

IN MEMORIAN DE JOSÉ MARÍA PINILLA: POETA


HA MUERTO UN GRAN POETA
JOSÉ MARÍA PINILLA
14.03.2009

Una buena persona, un amigo



SOLO MUERE EL QUE HA VIVIDO
De José María Pinilla

El día que me muera
asistiré a mi entierro, probablemente
tarde —de eso estoy seguro—,
vestido de cuchillo o bien de alforja,
de guante de mimbre o de hojarasca,
terciopelo de sol enloquecido,
o breve calma,
de la calma desnuda que cubre el silencio, —eso
es algo que aún no he decidido. Me asaltan
serias dudas—. Sí. Tal vez
la calma, será el mejor sudario.

Y estaré contento, contando a los presentes,
sus sortijas, su leve mano en mejilla,
los trajes que esperan ciertas ocasiones,
los escasos canapés,
las toses veladas, cuchicheos que rompen el silencio,
las frases siempre repetidas: “Era tan bueno... se fue
tan a destiempo”,
los pesares multilingües; mientras,
bajo los lirios, como lágrimas heridas
los labios aletean el pesado dialecto de la espera.

No es fácil confundir el llanto y el bostezo,
cuando la música, cansada de ser música,
busque su acomodo de madera como límite,
o fuego alterno.

No sé si llevarme
alguna agenda, un calendario,
esas fechas que siempre almacenamos...

Por si vuelvo
.


"INSENSACIONES"


Introduje mi mano sobre mi pecho con una facilidad pasmosa, indolora, como si la piel fuera agua que no ofreciera resistencia alguna. Lo agarré en la palma de mi mano y, con un sólo tirón, lo extraje fuera, colocándolo sobre la mesa.

Bombeaba de forma irregular, a veces, acelerada, con una extraña energía que lo levantaba a cada latido dos palmos de su superficie; otras, quedaba repentinamente quieto, inerte, como si aliento alguno le diera vida.

Su ruido era seco y grave pero también inconstante y variado, redoblaba al compás de sus arbritrarios movimientos y quietud, como si fuera su eco, con algunas milésimas de segundo de retraso, como el trueno que sigue al rayo en la tormenta que está cercana.

Me sosprendió sobremanera sus textura rugosa, áspera, como las manos callosas de alguien que lleva trabajando demasiado tiempo la tierra, sin protección alguna. Tenía huecos y espacio acolchados, dunas crecientes y movibles, a ratos tan finas que parecían esquirlas. Su tono era oscuro, casi morado, aunque si te fijabas atentamente se percibían motas, casi invisibles, de un rojo carmesí, profundo, otras sonrosadas.

Enseguida me percaté de su gran sensibilidad a mis movimientos, a mis sonidos, incluso al aliento que mi boca exhalaba. Fingí agotamiento, respirando de forma acelerada, y comenzó a dar botes incontrolados sobre la mesa. A continuación me concentré en un beso suave, dulce, exhalando un aliento cálido, y observé como se allanaba, se extendía sobre la superficie, relajado y tranquilo, hasta su color se suavizaba haciéndolo casi transparente y el tejido tornaba a seda, desapareciendo repentinamente su pedregoso aspecto.

Frente a mí era ¡tan vulnerable...!, podía enloquecerlo con mi voz, aplastarlo con mi mano, incluso, con sólo el pensamiento, se moldeaba a mi antojo, danzaba al son que yo quisiera, emitía los acordes que yo le ordenaba; si gritaba, él gritaba; si lloraba, él gemía; si reía, daba brincos como una niña a la comba, manisfestándose en breves, muy breves y alegres silbidos.

Ahí, afuera de mí misma, respondía a mis órdenes.

Fue como una revelación, tenía en mis manos el control de mi tristeza, el remedio a mis angustias. Tomé ese pequeño órgano y lo introduje en un recipiente de cristal, cerrándolo herméticamente al vacío. Quedó extendido en su interior, ocupando todo su espacio. Silencioso, quieto, aparentemente tranquilo. Las paredes cristalinas se cubrieron de un halo de vapor helado, enturbiando la visibilidad de su contenido. Volví a probar: lloré, no hubo alteración alguna; reí con cargajadas histéricas y estruendosas y ni un leve movimiento se produjo. Encerrado en aquel habitáculo estaba inmunizado y, con él, percibí que mis sentimientos quedaban también aislados, aletargados. No sentía presión alguna en mi pecho y en mis ojos parecía que se hubiera colocado un lente que alejaba de mi mirada todo lo que me rodeaba. Hasta la luz del sol quedó ligeramente eclipsada, todo el paisaje era menos bello, pero no sentía preocupación alguna, me daba igual mi entorno.

Y lo dejé allí, abandonado, en un lugar de mi espacio, aséptico y esteril. Me sentía cómoda en ese estado de "insensaciones".

Y seguí mi camino, ajena incluso a mi propia persona, fría, desprendida y distante, sin importarme ya a dónde me llevaran mis pasos en aquella senda, surrealista, absurda y vana.

22.4.06
JULIA

COLORES Y AROMAS

Tengo toda una colección de poemas que hablan de ti. Puedo computarlos numéricamente por decenas, por centenas, incluso por millares o colocarlos, de forma cronológica, para que den fe de nuestra historia.

También puedo agruparlos por colores o aromas; entre aquellos, predominan los grises, opacos, involuntariamente emotivos y tiznados de nostalgia.

Los menos son, levemente, azules pero brillantes como cielos tranquilos de verano o una sonrisa o una caricia; otros, son verdes, madreselvas que crecen hacia la nada, sin cansarse, regenerándose en sí mismos, retroalimentándose con un mero gesto o una palabra inventada.

Hay muchos rojos, rojos de matices diferentes. Los hay como la sangre tibia que aflora de una herida abierta, un manantial constante que gotea desesperanza y tristeza; o de ese tono de rojos, vitales y apasionados, que se mezcla con los amarillos y naranjas del fuego de una hoguera, son las brasas que queman aún y que con sólo un soplo recuperan sus llamas. Su perfume deja las horas impregnadas de afrodisíacos recuerdos.

Los más son transparentes, como gotas de lágrimas, y salados, como ellas. A veces, toman una pizca de tonos malvas, volviéndolos románticos, ligeramente dulces, con el aroma a pasado que queda en los trastos atesorados en un desván o en una caja de música arrinconada. También huelen a la brisa marina de un mar, solitario y en calma, o a la tierra mojada por la lluvia de una tarde de otoño.

Otras veces se impregnan de negros, marrones, tonos oscuros y góticos que irradian rabia, ira, desesperación y lamentos; son como cipreses que velan los muertos y se mueven, se inclinan, caen y erigen, continuamente, como juncos que danzan al son del viento, sin quebrarse jamás, pero sin redimirse, aunque lo intenten, rozando las estelas que dejan las estrellas del firmamento.. Entonces su olor se vuelve putrefacto, amargo, incluso agrio. Y hace mucho daño.

Yo quiera escribir poemas de colores claros y fuertes, de sólo azules, de sólo blancos, resplandecientemente blancos; quisiera que tuvieran sonidos, música, risas, bailes, paseos por la arena, besos…Que su aroma me cobijara entre barbacoas de verano y chocolates, entre el olorcillo, a calma y serenidad, que deja unos pescaditos fritos en un chiringuito de playa; que oliera a olas, a café, a miradas de ternura y caricias y a lluvia, pero esa lluvia de estío, agradable, fresca...

Sí, quisiera palabras que fueran abrazos, secretos, íntimos y recíprocos, quisiera hacer poemas interactivos, pero de una única dirección y un único sentido, con una única razón, con un único suspiro.

Quisiera…. pero no puedo.

La añoranza, la tristeza y esta extraña soledad se han vuelto mi esencia, mi color, el único aroma que me rodea.

JULIA

SIN PUNTOS SUSPENSIVOS

Queda tu silla
tan ausente de ti

aquella mesa
definitivamente
incompleta

tus letras
sin puntos suspensivos

............... y un silencio que oprime
............... y recorta el aliento


14.03.2009
JULIA

sábado 14 de marzo de 2009

Y TAN POCO QUE SOMOS...

Y tan poco que somos
que somos nada
que del día a la noche
se nos va esta vida
que nos falta el aliento
sin previo aviso
que nos ponen mortaja
sin tomarnos la talla
que ni tiempo tenemos
para los adioses
ni un instante nos dejan
para dar un beso
para golpear paredes
para oponernos
que estamos ahora
y al instante siguiente
quién sabe dónde nos vamos



14.03.2009
A un gran POETA: José María Pinilla,
un amigo que hoy ha muerto


JULIA