domingo, 31 de enero de 2010

OTRO MINUTO

Me resulta sorprendente cómo consigo ensimismarme, engañarme a mí misma, autoconvencerme que no le debo nada a nadie, que nadie estará esperándome, reclamándome cuentas al otro lado de las sombras. Domino el arte de minimizar los fracasos, de relativizar la insatisfacción, de huir de las expectativas...,pero no puedo obviar esos ojos que me siguen, clavándome sus pupilas delatadoras, reprochándome a cada instante mi indolencia. Es como un murmullo acomodado en mi tímpano, un susurro constante que me grita: "no me disimules, no te ocultes, no se trata de adónde vas, no se trata de adónde llegas ni siquiera se trata de lo que no consigues... tú sabes bien que es el ahora, el ahora que al instante vuelves ayer sin posibilidad de retroceso..."

Y yo la escucho, me escucho y escribo... dejando que las palabras sellen la pena de muerte de otro minuto.

31.1.2010

JULIA

2 comentarios:

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Los minutos nacen condenados mi querida Julia, pero en casos como éste en los que la palabra se sublima, casi podríamos creer en su inmortalidad.

Un abrazo
Marian

Enrique Gil dijo...

Bien, veamos, si lo que le siguen son dos ojos, no es Dios, que solo tiene uno, ya sabe, en un triángulo, son sus propios ojos la que la vigilan. Y el tiempo, eso del tiempo es un misterio misterioso, a veces me parece que todo sucede en un único instante, son los problemas existenciales de juventud, que tornan, bienvenida a la tercera edad juaaaaaaaa, ¿sabe una cosa? Si consiguiera perdonar alcanzaría el Karma.

Es una bonita reflexión, en un marco literario romántico, es usted una romántica incurable.